Saúl de Toro, voluntario SVE, nos deja su primera impresión nada más aterrizar a su proyecto en Rumanía

El domingo  aterricé por primera vez en Rumanía tras varias horas de viaje, allí me esperaba la que va a ser mi coordinadora durante mi colaboración en el proyecto, Ana, junto a su marido, para partir hacia mi ciudad durante los próximos siete meses, Oltenita.

Durante el camino, atravesamos la ciudad de Bucarest pudiendo ver los edificios más significativos, así como sus grandes parques. Continuando el camino hacia mi nuevo hogar, pude apreciar pequeñas diferencias respecto a mi ciudad natal, todo está verde, con mucha vegetación.

Finalmente llegué a Oltenita, mi primera impresión: poca luz en la calle y muchos perros. Pero se veía una ciudad acogedora, tal y como he podido comprobar en mis primeros días.

Me presentaron a uno de mis compañeros, Manuel. Él es el otro voluntario español y mi compañero de piso, pero ya lleva dos meses en Oltenita.

Me instalé en su apartamento, a la espera de trasladarnos en días al nuevo piso y salimos a cenar para conocer al resto de equipo. Nos recogieron Nastia (compañera, voluntaria europea de Rusia) y Laurentiu (voluntario local) para ir a un restaurante, pero antes fuimos al Danubio para que lo viese.

El restaurante, Contot,  está decorado como si fuese una caseta en medio del bosque, lo que hace del sitio un lugar bastante acogedor y agradable. Allí conocí a mi mentora, o como le digo, mi madre en Rumania, Irina. La cena, bastante rica.

El lunes ya me incorporé a la plantilla de la asociación, Dunare.EDU. Los lunes a primera hora estamos dando una clase de español para un grupo de chicos y chicas que viajarán en septiembre a Valencia para un encuentro de danza.

Durante el resto del día y semana, damos clases de inglés y recibimos clases de rumano y de ruso, que nos da Nastia. Trabajamos en la sede de la escuela, ubicada en el centro del parque de la ciudad, aunque también vamos a dos pueblos de alrededor, Ulmeni y Chiselet.

El jueves por la tarde participamos en una clase de baile, invitados por la profesora que va asistir con su alumnos a Valencia. Fue una clase divertida, los vimos bailar y nos hicieron participar, enseñándonos sus bailes tradicionales.

Esta primera semana se me ha pasado bastante rápida ya que tenemos muchos niños y por las tardes-noches solemos quedar todos juntos con nuestra mentora. Vamos al Comtot y a un restaurante libanés.

La gente es bastante simpática y los niños muy agradecidos. Juegan en las calles como cuando yo era pequeño, cosa que empieza a escasear en España con tantos ordenadores, videoconsolas, etc.

Llegamos a mi primer fin de semana. Nuestra mentora nos propuso (a Manuel, Nastia y a mí) ir al mar Negro, y así hicimos. Fuimos hasta Constanta para ver el casino y ya partimos hacia Constinesti donde íbamos a alojarnos. Es una zona de playa como podemos encontrar en España. Está la discoteca al aire libre más grande. Nos bañamos en el mar Negro, flotas más que en el Mediterráneo, pero lejos del tópico de que en el mar Negro no te hundes.

El lunes, tras un fin de semana increíble, volvimos a Oltenita, pero no sin darnos un último baño en el mar Negro, en la ciudad de Eforie Nord, visitar la columna de Trajano, el monasterio de… Subimos en un ferri para cruzar el Danubio y por fin a descansar en nuestro piso.

Hasta aquí mi primera semana en Rumanía. Ha sido bastante completa y ya tengo muchos momentos inolvidables. Espero seguir viviendo experiencias irrepetibles con mi nueva familia aquí en Rumanía.