SIRIA: la tragedia.

16/04/2014

El conflicto.

El conflicto entre el Gobierno sirio y los opositores al presidente Bashar al Assad se desató en marzo de 2011. Las revueltas sirias comenzaron como protestas pacíficas pero no tardaron en teñirse de sangre. Las autoridades acusan a las fuerzas externas de apoyar con armamento y financiación a grupos terroristas, mientras la oposición denuncia que el Ejército de Al Assad mata a civiles. A raíz de un ataque con gas tóxico ocurrido el 21 de agosto de 2013, que los países de Occidente han atribuido a las fuerzas gubernamentales, EE.UU. se preparó para un posible ataque contra territorio sirio. Gracias a la propuesta rusa a Siria para que entregue su arsenal químico bajo control internacional, se abrió de nuevo la posibilidad de una salida diplomática del conflicto. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado 27 de septiembre por unanimidad la resolución, acordada por Rusia y EE.UU. para eliminar las armas químicas en Siria.

Las víctimas.

El conflicto en Siria ha causado más de 150.000 muertos en tres años.

Al menos 150.344 personas han muerto, entre ellas 51.212 civiles, desde que comenzó el conflicto en Siria hace tres años, según informó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

Entre los civiles fallecidos en este periodo figuran 7.985 menores y 5.266 mujeres.
Entre los combatientes favorables al Gobierno de Bashar al Assad, 58.480 (unos 35.000 soldados y 23.000 milicianos progubernamentales). Asimismo, fallecieron unos 38.000 rebeldes, agrega la organización.

Otras 2.871 personas de las que se desconoce su identidad también han perecido durante el conflicto.

 1.-Campos de entrenamiento para niños suicidas.

En el campo  Ashbal al Aazz, preparan a futuros suicidas y enseñan a los adolescentes cómo actuar en batallas reales, según informa el diario ‘Asharq Alawsat’.

Actualmente en el campo entrenan hasta 50 niños de edades comprendidas entre 7 y 13 años. La base de entrenamiento se encuentra en la localidad de Al Tabka, al oeste de pequeña ciudad siria de Ar Raka. Los instructores llaman a los niños ‘pesca de oro’, y uno de ellos explicó que «los adolescentes son una fuente de confianza para Estado Islámico, ya que no se echan atrás ante ninguna tarea encargada». Según él, los niños, especialmente los de familias pobres, son mucho más fáciles de convencer de que tienen que cumplir cualquier orden, incluido el ataque suicida, y, lo más importante, no piden ninguna remuneración por su sacrificio en honor a dios. Los jóvenes mayores ya quieren ciertas recompensas financieras por realizar actos de terrorismo.

El entrenamiento en el campo dura alrededor de 25 días. Los estudiantes se dividen en grupos de 13 personas. Los principales ‘disciplinas’ en la escuela de suicidas son la base de la yihad y el uso de armas de fuego modernas. Al ‘graduarse’, los adolescentes entran en diferentes grupos.

2.-Refugiados.

Más de un millón de refugiados de la guerra de Siria colapsan Líbano.

El país acoge un 40% de todos los desplazados en la región.

El gobierno libanés eleva la cifra a casi dos millones de personas.

La mitad de ellos son niños y las escuelas libanesas sólo atienden a unos 100.000.

Los tres años de guerra en Siria han dejado a Líbano sin aliento. Más de un millón de exiliados registrados por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) han terminado por romper un quebradizo equilibrio demográfico y sectario sobre el que el país se las intentaba ingeniar para evitar el contagio de la violencia del otro lado de la frontera. El flujo de desplazados por un conflicto que ha dejado más de 140.000 muertos contabilizados por la ONU (otras fuentes, como el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con una red de informadores sobre el terreno, elevan la cifra hasta los 150.000), seis millones de desplazados internos y otros 2,5 millones fuera del país, ha empeorado una situación de seguridad ya precaria y ha dado la estocada a la tambaleante economía libanesa.

“La afluencia de un millón de refugiados sería masiva para cualquier país”, ha asegurado el responsable de ACNUR, António Guterres, “para Líbano, un pequeño país acorralado por dificultades internas, el impacto es asombroso”. Con algo más de 4,2 millones de habitantes, acumula un volumen de refugiados sirios equivalente a un 24% de su población. Más de 1.600 localidades acogen el 40% de los 2,5 millones de desplazados en los países de la región, muy por encima de los 667.636 refugiados registrados en Turquía o los 589.000 que viven en Jordania, y a años luz de las cifras de Irak y Egipto (219.579 y 135.853 respectivamente).

 “Líbano ya no es capaz de absorber más refugiados en sus tierras”, zanjaba tajante el presidente libanés, Michel Suleiman, durante su discurso en la última cumbre de la Liga Árabe a finales de marzo. En tres años el Ejecutivo ha pasado de solicitar ayuda internacional para hacer frente a la crisis humanitaria (de los 1.373 millones de euros necesarios, según ACNUR, solo se han recibido 175 millones) a utilizar esos mismos fondos para frenar un déficit presupuestario que alcanzó el 26,24% en los primeros siete meses de 2013 frente al 16,34% del año anterior, según el Ministerio de Finanzas. El número de refugiados ha acometido registrado una escalada monumental desde las 18.000 personas contabilizadas en abril de 2012. En el mismo mes de 2013, los exiliados ya sumaban más de 644.000, una cifra que casi se ha duplicado hasta alcanzar un millón este año.

La consecuencia inmediata es el hartazgo de buena parte de la población local, que empieza a competir por unos recursos cada vez más escasos en un país asediado, con una frontera infranqueable al sur, con Israel (Líbano e Israel siguen legalmente en guerra), y un perímetro imposible con Siria. En Arsal, ciudad fronteriza con el disputado macizo sirio de Qalamoun, al noroeste de Líbano, el caos demográfico ya ha pasado factura. Allí, los datos que maneja el Ayuntamiento exceden con creces el número de refugiados reconocidos por Naciones Unidas, lo que, según el alcalde, Ali Huyeiri, ha multiplicado los problemas de electricidad y ha recortado los puestos de trabajo en las canteras y los salarios a 3 dólares (poco más de 2 euros) el metro de piedra extraída.

Las cifras también presentan batalla. Tanto el Ejecutivo libanés como las organizaciones internacionales que trabajan sobre el terreno elevan el número de refugiados en el país hasta casi los dos millones de personas. No todos los refugiados que acuden a ACNUR cumplen los criterios de la organización para ser registrados y recibir ayuda y no todos los sirios que llegan a Líbano quieren registrarse. La situación arroja un saldo de entre un millón y medio millón de población en la sombra, condenada a ejercer la mendicidad y malvivir en las zonas más depauperadas del país, como el barrio de Bab el Tabbaneh, en la norteña ciudad de Trípoli, o los campos palestinos de Sabra y Chatila en Beirut. El miedo es la primera barrera. La dispersión geográfica de los refugiados sirios coincide con las cicatrices de un país profundamente dividido y al que la guerra siria ha exportado odios además de personas.

Occidente: “los salvadores que nada salvan”.

Es preocupante el hecho de que los gobiernos occidentales, que  han apoyado incondicionalmente a los rebeldes sirios antigubernamentales, estén valiéndose del presunto uso de armas químicas por parte del Gobierno de Siria como un pretexto para legitimar el uso de la fuerza contra el gobierno de Assad.

El pretexto que buscaba Occidente.

Existen varias explicaciones que justifican las dudas que mostró Damasco a la hora de permitir a los inspectores de la ONU acceder al sitio. El más evidente apunta a que «el ataque se habría producido en los bastiones rebeldes en las afueras de la capital», razón por la que «no podían garantizar la seguridad del equipo de la ONU».

Por otro lado, los rebeldes sirios han demostrado en ocasiones anteriores su hostilidad hacia las fuerzas de la ONU. En marzo, por ejemplo, los grupos antigubernamentales secuestraron a miembros de la ONU en los Altos del Golán, y otros cuatro soldados de paz fueron secuestrados a finales de mayo. Además un convoy de la ONU fue tiroteado por francotiradores no identificados. Así, no resultaría extraño que el pretexto de las armas químicas sea «otro truco en una serie de medidas para tensar la situación y provocar una respuesta internacional».

Autora: Laura Maurelo.